Mi experiencia en Steinway&Sons Factory
Para un Cristiano viajar a Jerusalén debe ser una experiencia espiritual que lo acerca más a Jesús, igualmente para un Musulman ir a la Meca es cumplir con uno de los preceptos del Islam; guardando las proporciones y la distancia con los ejemplos anteriores, para un afinador de pianos ir a la fábrica de pianos Steinway & Sons es uno de esos momentos que realmente ayudan a crecer como técnico de pianos y, de paso, decir con satisfacción: Estuve en la cuna de los mejores pianos del mundo! En mi caso he viajado a la factoría de Steinway Sons en Long Island NY en diferentes oportunidades y he salido siempre con la sensación real y concreta de haber estado en el sitio donde fabrican el mejor piano del mundo, verdadero ícono de la música mundial y de la cultura norteamericana.
Recorrer el proceso de fabricación artesanal de los pianos Steinway es un placer de sibarita para el afinador de pianos que quiere crecer en conocimiento y destreza de su oficio. La búsqueda de la excelencia en sus acabados, las mejores maderas y la investigación permanente han logrado consolidar a esta marca emblemática que ha sido el sueño de los pianistas en el mundo. Es en verdad interesante la historia de su fundador Heinrich Engelhard Steinweg, inmigrante alemán que después adaptó al inglés su apellido en Steinway y el sons por sus hijos Henry Jr. Albert, C F Theodore, William y Charles, quienes desarrollaron el piano moderno. Para más detalles los invito a visitar su site steinway.com donde conocerán al detalle la apasionante historia de los pianos Steinway & Sons.
Como afinador de pianos durante más de 40 años he afinado pianos de los más diversos estilos y marcas, pianos con muebles tallados, con maderas finísimas y exóticas, con mecanismos complejos, con sellos que hablan de numerosos premios ganados en exhibición en ferias mundiales, con patentes registradas de mecanismos y soluciones que realzan el sonido de ese piano, en fin, he visto pianos y pianos, pero ninguno me llama la atención y admiración que siento por el piano Steinway. Cuando veo la rica e impresionante historia de esta casa en el Steinway Hall -en Manhattan en la calle 57, diagonal al Carnegie Hall- entiendo porqué este fabricante tiene la mayor cuota en los pianistas consagrados. Es muy interesante pasearse en esa tienda-museo de la Steinway y palpar los testimonios gráficos de los grandes del piano: Anton Rubinstein, Ignaz Paderewski, Josef Hofmann, Rachmaninof, Arthut Rubinstein, Vladimir Horowitz… en la cual Steinway fungía como sponsor de esa élite pianística. La excelencia de Steinway nunca ha sido gratuita -y era esta misma relación de patrocinio y mecenazgo con los grandes intérpretes del piano lo que también impulsaba a esta familia a perfeccionar sus instrumentos.
Hacer un recorrido por la fábrica y constatar el método artesanal con el que es fabricado el piano Steinway, ver las mejores y variadas maderas, la concentrada laboriosidad de sus artesanos y percibir el alto espíritu por la responsabilidad de mantener en alto el prestigio del piano con mejor sonido del mundo, causa una impresión de respeto y admiración por esta marca ícono del arte musical. Sus trabajadores saben que están fabricando el mejor piano del mundo, saben que Steinway forma parte importante de la cultura musical norteamericana y mundial y eso lo percibe uno al ver la satisfacción y camaradería con la que desarrollan su labor.
Reconocer la excelencia de los pianos Steinway no significa soslayar a los pianos Bösendorfer, Mason Hamlin, Chickering, Bechstein, Bluthner, Schimmel, Yamaha, Kawai y otros de alto nivel. Disfruto y tengo el privilegio de trabajar con la excelencia de estos pianos que aportan tanto al desarrollo del arte pianístico.


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