La Enseñanza del Piano
Por Vivian Rodríguez Uranga
En el aprendizaje de la música, el piano, y la formación del músico intérprete representan el recorrido por la historia de la creación musical de occidente. El niño que se inicia en el recorrido de la música, en el estudio del piano, desarrolla no sólo una vivencia estético-afectiva paralela a los procesos de crecimiento, sino una actitud independiente y responsable en el “diseño” de su propia vida.
Recuerde, muchos niños pueden iniciar una experiencia de la música a través del piano, pero su hijo puede ser el artista que esperamos. El niño que se inicia en el estudio del piano, tiene la posibilidad de crecer en una disciplina que lo fortalece, no solo al afrontar los retos cotidianos sino en los grandes y decisivos momentos de su vida.
El instrumento se convierte durante el proceso de aprendizaje en un confidente, un amigo fiel con el que el ejecutante cuenta siempre, así su hijo al tener un piano nunca estará solo, siempre tendrá la posibilidad de dialogar. La perspectiva educativa para un niño que inicia su aprendizaje pianístico es amplia ya que a nivel nacional e internacional existen concursos que facilitan por el nivel de preparación el camino a la excelencia.
El estudio profesional del piano desde sus inicios facilita la capacidad de diálogo en el niño, ya que el lenguaje de la música a través de la expresión pianística es fundamentalmente polifónico, dialógico. El “músculo cerebral” es intensamente trabajado desde el inicio de la enseñanza pianística ya que la complejidad de la ejecución misma demanda un profundo intercambio interhemisférico a causa de la condición polifónica y polirritmica del instrumento, su amplia literatura y posibilidades, así como la construcción “simbólica” de su sonido.
El niño que se inicia en el estudio del piano tendrá en sus manos un verdadero universo de posibilidades e incluso a partir de una formación básica de 7 años al menos, podrá incursionar en el campo de la composición y dirección orquestal. Ese niño tendrá además el poder de congregar, primero a su familia, después a sus amigos y finalmente al gran público.
La capacidad de seducción de la música le acompañará el resto de su vida e influenciará sus acciones y más aún, el éxito de su destino. El niño que se inicia en el aprendizaje pianístico ha de mejorar indefectiblemente su lenguaje, ya que a la vez que hemos aprendido a respirar en la frase musical, es más fácil fluir en la articulación coherente vinculada al discurso que involucra la palabra. El piano es un instrumento poderoso, en el sentido de la majestuosidad; así ha de moldearse el cuerpo artístico del pequeño intérprete.
El profesor acompaña al alumno al viaje que a través de la música misma devela a éste la condición de su particular naturaleza creativa. La ejecución pianística implica el desarrollo de diversas destrezas motrices y artísticas-musicales cuya construcción es el resultado de la interacción entre el profesor y el alumno.
La “construcción” musical y su dificultad inherente se perfilan como RETOS que deben ser afrontados. Aquí, la tarea del profesor debe desatar y moldear en el alumno la necesaria “plasticidad emocional” para abordar desde el imaginario la obra musical en si misma. La condición fundamental del buen profesor de piano es su humanidad, y a su vez la comprensión sincera y profunda de la naturaleza del “material humano” que debe moldear. El profesor de piano posee una refinada intuición, una vocación al servicio de la música y de su verdadero vehículo de expresión: La naturaleza humana.
La relación entre el profesor y el alumno de música, siempre es “maravillosa”, en el sentido de la sorpresa que ambos experimentan en el descubrimiento y disfrute de la obra musical.
Foto: woodleywonderworks – Flickr CC BY


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